barro blanco,
colgarte de ella en sus labios,
trotar por sus rincones,
brillo gótico, pasiones,
sin distancias, sin temores!
Ella, aún sustenta nidos de ambiciones y deseos, ocultos en una huida que codicia olvidos imposibles; al tiempo, él se evapora cual tránsfuga impostura tras dejar indelebles zarpazos en su memoria.
En él, sobre desdibujadas facciones del deseo, nuevos y desconocidos trazos de indolentes locuras se irán imprimiendo, salpiqueteando nuevamente su interior; una vaga y cautelosa perturbación volverá a quedar prendida en el límite de su razón, en tanto, un corazón llora.
Se hace el tiempo de despertar, de ahogar tan grande amor, tan inmenso deseo, tan hondo dolor, se hace el tiempo de ser agua, llanto de sensible espectador de retazos absurdos, extraños y, ahora sí, se hace preciso lo imposible; desde el conocimiento contemplativo ignorarlo, ignorarnos....se hizo la noche.