En medio de un silencio invernal, se hace grande el tiempo de ausencias, negando evidencias que brillan, confundidas, sobre campos cubiertos de escarcha.
Susurran los labios un viejo sentir que viste los días de olvidos, olvidos que me atraviesan obviando estos mis confusos clamores con ásperos sigilos. Es pecado, mi Dios, esta certeza, mas creaste en mí tal extravío de cenizas que, avezadas, me atrapan, tornándose en gloria este magnificiente y confuso torbellino de deseos. Tú, que creas desconciertos que me animan, no me culpes del sentir de esta ignominia, no confundas en la noche que me alcanza la razón y el sentimiento, pues, navego a la deriva en grandes llamas de pasión y desespero, llamas que me queman, que me inventan y me abrasan.
Susurran los labios un viejo sentir que viste los días de olvidos, olvidos que me atraviesan obviando estos mis confusos clamores con ásperos sigilos. Es pecado, mi Dios, esta certeza, mas creaste en mí tal extravío de cenizas que, avezadas, me atrapan, tornándose en gloria este magnificiente y confuso torbellino de deseos. Tú, que creas desconciertos que me animan, no me culpes del sentir de esta ignominia, no confundas en la noche que me alcanza la razón y el sentimiento, pues, navego a la deriva en grandes llamas de pasión y desespero, llamas que me queman, que me inventan y me abrasan.
-foto pegatina-
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